Vale, la verdad es que no pongo mucho la lavadora y lo de hacer dos cosas a la vez lo llevo peor que mal, aunque por otro lado tampoco aparco mejor que mi mujer, ni soy más rápido para arreglarme. Posiblemente por eso la guerra de sexos sólo me haga gracia cuando está bien hilada, como cuando viene de la mano de Ajenjo y Cigarro y ni pizca cuando ronda la mesita de noche de Matrimoniadas, donde se amontonan los tópicos más elementales.




