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Adriana Napolitano. La ilustradora con papel que no sabe dibujar


A lo largo de su carrera profesional, Adriana Napolitano ha desarrollado diferentes actividades artísticas que le han permitido aumentar su talento creativo. Lo más sorprendente es que entre ellas no estaba la ilustración, disciplina que dice no dominar, a pesar de ser una de las ilustradoras con papel más interesantes del panorama actual.
Adriana napolitano

Cada material es diferente. Lo importante es saber usarlo con propiedad. De entre todos ellos, el papel es, sin lugar a dudas, mi favorito, lo que no impide que me encante tocar y probar cualquier otro tipo de material que cae en mis manos, explica Adriana Napolitano, diseñadora, fotógrafa y creadora de escenarios, una definición que, en su opinión, se ajusta mejor a su perfil profesional que el de ilustradora. ¿La razón? Que soy muy mala dibujando. Por eso prefiero siempre decir que construyo cosas, porque no sé dibujar.
A caballo entre Alemania e Italia, Adriana Napolitano comenzó en el mundo de las ilustraciones o esculturas con papel por pura casualidad. Había estudiado lenguas orientales, diseño, imagen y hasta edición de vídeo, llevada por la idea de que: Cuanto más sepas, más cosas tienes que contar. Todo lo que aprendas te servirá para progresar como persona a la hora de expresarte y será un plus en tu trabajo. Entre las muchas disciplinas en las que Napolitano ponía en práctica esta filosofía estaba la construcción de escenarios en miniatura para vídeos y piezas de animación. A la hora de crearlos utilizaba todo tipo de materiales. Sin embargo, un día intenté hacer una peluca con papel blanco y fue un flechazo, como amor a primera vista. Comencé a explorar las posibilidades del papel y quedé realmente sorprendida porque descubrí que era un material con mucho potencial.
Hasta ese momento, para Napolitano el papel era un soporte humilde, que todo el mundo tiene en su casa y en el que no había reparado justamente por ser demasiado convencional. Ahora me doy cuenta que me encanta el papel. Me encanta sentirlo en las manos, me gustan los colores, la gran variedad que hay y su capacidad para transformarse en cualquier cosa. En manos de Adriana Napolitano el papel se ha transformado en plantas, flores, ciudades, vestidos, objetos ornamentales, máscaras e incluso líquidos, algo que podría resultar imposible para muchas personas pero que en su caso resulta natural y hasta sencillo. No estoy tan convencida de que una ilustración en papel sea más complicada o requiera más tiempo que una ilustración convencional. Es cierto que tienes que construir una pieza, de eso no hay duda, pero creo que cualquier ilustrador medianamente perfeccionista se tomaría el mismo tiempo que me tomo yo. Por otra parte, apunta Napolitano, la experiencia también es muy importante en estos casos ya que: Permite organizar mejor los plazos de entrega, gestionar las necesidades y prever lo imprevisible. A todo eso hay que sumar que: Cuanto más trabajas, más rápido y eficaz te vuelves, aunque, como explica, siempre hay un límite. En ocasiones los clientes ponen fechas de entrega que no son humanamente posibles de cumplir. En esos casos no me ha quedado más remedio que decir no a algunos encargos.

Todo suma

A la hora de realizar sus trabajos, Adriana Napolitano diseña sus piezas a mano. No lo hago porque sea una purista. No lo soy en ningún aspecto de mi vida, salvo tal vez en la música –bromea–. De hecho, utilizo un pequeño plotter de corte de sobremesa, especialmente cuando tengo que cortar miles de pequeños papeles o muchas capas de una misma forma como, por ejemplo, un número muy grande de círculos minúsculos. En esos casos, Napolitano recurre a la máquina para que haga el trabajo repetitivo, mientras que ella se concentra en la estructura o en las partes más grandes que dibuja, corta, pliega y pega a mano.
Concibo el plotter como una herramienta igual a cualquier otra de las que uso a la hora de crear mis trabajos. Por ejemplo, yo no empleo software para diseñar las piezas pero es, sencillamente, porque prefiero hacerlas a mano. Lo que no quita que en un momento dado comience a utilizarlo porque, como decía al principio, cuanto más sabes, más cosas puedes incorporar a tu vida y tu trabajo. Por eso no me importa cómo se hagan las cosas o el método que se emplee si al final el resultado es hermoso.
Entre ese bagaje que Adriana Napolitano ha incorporado a su faceta como ilustradora con papel, se encuentra su formación como fotógrafa.
Soy como Batman. Tengo dos personalidades: fabrico escenarios y además soy fotógrafa –bromea–. Gracias a eso, conozco los diferentes tipos de lentes, sé iluminar las piezas y estoy familiarizada con todas aquellas cosas que debes saber cuando te dedicas a la fotografía. Por esa razón es ella misma la que toma las imágenes de la gran mayoría de sus creaciones. Cuando trabajo, pienso en cómo debe de ser la imagen final, pero eso no solo sucede porque sea yo la fotógrafa. Incluso cuando quien hace la fotografía es otra persona, es necesario pensar en cómo va a quedar aquello que estás construyendo.
En el caso de Napolitano, el hecho de pensar en la fotografía final tiene una especial relevancia pues, a diferencia de otros ilustradores que trabajan con papel, no es raro que ella tenga que hacer piezas a escala 1:1, que deben de ser fotografiadas junto a modelos reales. Todo tiene pros y contras. La escala real es algo realmente atractivo pero logísticamente muy laborioso. Por eso, si le dan a elegir, prefiere los tamaños reducidos. En ocasiones no es decisión mía porque depende del proyecto del que se trate en cada momento. Para decorados o para vestidos, sin duda, hay que hacerlos a escala real. De hecho, me encantan las piezas que se pueda uno poner y llevar encima pero, para habitaciones, mejor el tamaño pequeño.
A la hora de decidir las escalas y el modo de enfocar un proyecto, también es necesaria la opinión del cliente que es, al fin y al cabo, el que necesita resolver el problema de comunicación. Según la experiencia de Napolitano, en ocasiones la relación es asombrosamente fluida y otras, demasiado tediosa. Algunos clientes me han llegado a decir ‘Haz lo que quieras’, pero con otros he tenido que mantener laaaargas conversaciones por email y numerosas reuniones. Creo que todo depende de la complejidad del proyecto y, por supuesto, del tipo de cliente. Ellos necesitan confiar en ti, y eso te obliga a proponerles ideas, soluciones. En definitiva, ser proactiva.
En esas reuniones y conversaciones, Adriana Napolitano consensúa con el cliente colores, encuadres, referencias y todas aquellas cosas necesarias para que el proceso de producción sea ágil, eficaz y no haya que repetir fases. En ocasiones, también les mando algunos bocetos aunque no son muy buenos. Como comentaba, soy muy mala dibujando.

La herramienta más útil

Aunque la mayor parte de su trabajo está enfocado al mundo de la publicidad, Adriana Napolitano considera que las ilustraciones y esculturas en papel funcionan en casi cualquier campo. Desde el momento en el que pones tus ganas y tu experiencia en ello, el resultado va a funcionar y quedará bonito. Pero no creo que esa idea sea solo aplicable al papel, sino a cualquier disciplina creativa. Uno de esos campos que explora Napolitano es la venta de fotografías de ilustraciones hechas con papel a través de archivos de imagen como Adobe Stock. A esta actividad se suman también los encargos para clientes particulares ajenos al mundo de la publicidad y el diseño, pero que conocen su trabajo gracias a las redes sociales, como Behance, Facebook o Instagram.
Las redes sociales son muy importantes para mi trabajo. Podría decir que son la herramienta más útil de la que dispongo a la hora de mostrar mis proyectos y conseguir clientes. En ese sentido, Instagram es como una tarea más para Napolitano, aunque la ilustradora ha sabido encontrar el equilibrio perfecto para que no resulte algo demasiado absorbente. No hago piezas expresamente para las redes sociales. Me limito a compartir las fotografías de los procesos o de los trabajos acabados. Es algo que también entiendo como un modo de transmitir a los demás una cierta forma de amor o cariño. Una filosofía que hace que sus publicaciones sean especialmente apreciadas por sus fans. ¿Fans? ¡Oh! ¿Pero crees que tengo fans? Nunca en la vida he dicho en voz alta esa palabra o he llegado a escribir que tengo fans, ríe Andrea Napolitano, al tiempo que exclama ¡Wow!, sin llegar a creerse del todo que sí, que los tiene y que se cuentan por miles. (Publicado en Visual 203)

Texto: Eduardo Bravo

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